2 de febrero de 2011
Luis Miguel Nava Vázquez
El amor de padres es eminente, trascendente y natural, es tan sincero e insuficiente de acaparar toda la belleza de su significado, sus secuelas nos embargan en un mundo de felicidad, no obstante, el darles todo a los hijos en bandeja de plata, nos está cegando a la realidad y perjudicamos así su desarrollo humano. En cada caricia, en cada palabra de ternura, en cada beso y regaño, está presente la esencia de nuestro ser, la importancia de nuestro amor, el mejor atributo de nuestro esfuerzo. Al vestirlos con la ropa de la verdad y ofrecerles consejos sensatos que los forjarán para ser grandes ciudadanos, en el apoyo mutuo que se les otorga con todo el corazón, alimentando su moral y persona día a día, con valores que les permitan escalar los peldaños del triunfo. Sin embargo, esto por sí solo no testifica la excelencia de ser padre o madre; ello, trasciende la rutina hogareña, implica asegurarles una educación digna a los hijos, que les permita aquilatar los conocimientos de la vida y mamar los valores de ella.
El mejor regalo que podrías darle a tus vástagos, es contribuir sin cesar en su educación, mostrar siempre interés e involucrarte en sus actividades escolares, darles la confianza suficiente para que sean capaces de ejercer una profesión, conversar acerca de temas relacionados con sus intereses: sobre sus calificaciones, amigos, noviazgo, inquietudes y sueños. Es inútil regañarlos y dañar su autoestima con palabras que perdurarán en lo más sensible de su corazón. Es importante incitarlos al triunfo y procurarles ánimo en cada tropiezo.
Los hijos son un espejo del hogar, porque en ellos se reflejan los valores familiares. Es muy satisfactorio como padres, recibir felicitaciones y exaltaciones por cada logro académico; por supuesto, ello depende de un enorme trabajo detrás.
Las instituciones educativas no formarán adultos con valores, brindarán conocimientos que sirvan a los seres humanos, como herramientas ante cada problema que se les presente en la vida; los valores y buenos comportamientos, son principalmente resultado de la educación en el hogar.
Es a ti, como padre o madre, que corresponde dar a tu hijo el mejor regalo que merece, dejemos la mediocridad a un lado, y abramos las puertas del éxito en la vida de ellos, sembremos esa semillita de interés por su formación y demos nueva esperanza a México.
Me temo que éste no es un cuento, ni un lindo viaje por el mundo literario. Nada por el estilo. Tampoco son solamente palabras que plasman expectativas acerca de impulsar cambios en cómo se asume la paternidad. Se trata de un mensaje que busca inspirar a ustedes, apreciables lectores, a brindarles a sus hijos exclusivamente lo mejor. Les invito a orientar con amor y firmeza su educación, apoyarles incondicionalmente, ser para ellos un rayito de luz en la penumbra, darles la mano en cada tropiezo y guiar su andar por la vida. ¡El que tenga oídos, que oiga! Les invito a escribirnos, este espacio se forjará cada semana, con su participación: redes_mya@hotmail.com

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