5 de febrero de 2011
Alberto Castrejón Reyes
Alberto Castrejón Reyes
Daniel, quince años de edad, claro ejemplo a seguir para el padre y la madre también, el consentido, el preferido, al que incluso han llegado a perdonarle algún acto delictivo, ¿por qué?, porque es varón, ¡por el simple hecho de ser hombre, la preferencia recae en él! Lourdes es un año mayor. Sin embargo, eso no importó a sus padres; para ellos, es la malcriada, la que tiene que obedecer, a quien corresponde hacerlo todo. Contrario a Daniel, a ella no se le perdona nada… ¿Por qué?, porque es mujer, ¡porque nació mujer! Ella tiene que ceder, no hacer nada que disguste a los demás, simplemente, limitarse a obedecer. Aquella chica vive detrás de su propia sangre, como desconsolada sombra. Eclipsada por quien no se tienta el corazón para humillarla, aún siendo mayor que él. Lourdes vive para Daniel. Debe atenderlo y servirle. Sus padres, así lo disponen.
Él tiene novia por primera vez. Con alegría, se lo dice a papá y mamá, acompañado de su amor. Contento, exclama: – ¡Ya tengo novia!
Ellos, con la misma o mayor alegría que el muchacho, responden: – ¡Felicidades, hijo!, ya eres todo un hombrecito.
Contrario a como sucede con Lourdes, que un día llegando a casa, tímidamente comentó: –Tengo algo que decirles–, a ello, los padres respondieron con reserva en el semblante: –Sí… dinos–. Tartamudeando por el miedo que han sembrado en su ser, la chica balbucea: –Y-y-ya tengo n-n-novio–. Sus padres, con expresión de fastidio y enojo, le contestan: – ¿Y quién te dio permiso de tener novio?, ¿te mandas sola o qué?, ¡primero aprende a lavarte los calzones y después piensa en tener novio!
Agachando la cabeza en su afán de ocultar el rubor en su rostro y no desafiar a sus padres al atreverse a mirarles de frente, dice atropelladamente: –Pero, pero…
– ¡No hay pero que valga! –Replican–. ¡Estás castigada, por desobedecer! –le gritan, y añaden: – ¡Y no queremos repetírtelo!, ¡no puedes tener novio!
A Lourdes no le queda sino aguantar el regaño. Ellos le han advertido que tener novio, no es para ella. Pasado un tiempo, la chica se las ingenia para verlo, a escondidas. Sus padres no reconocen el daño que ocasionan al tener favoritismos.
Ella está consciente de la preferencia hacia su hermano, en todos los aspectos. Siempre primero Daniel y después ella. Los padres no la apoyan. No le brindan la mano, ni en lo más mínimo. Las malas amistades se van apoderando de la mente de la joven. Su novio, la incita y logra que caiga en las drogas, el alcohol, el tabaquismo. Lourdes se esconde tras esta tela de autoengaño, refugio de su soledad y desamparo. Sustituye así, la comunicación que nunca tuvo con sus padres: simplemente deja cualquier actividad cotidiana, por el vicio. La escuela no existe para ella. Mamá y papá, en su mente, están muertos. Más adelante Lourdes se embaraza, con enfermedad incluida, ¡el VIH invade su cuerpo, aniquilando sus defensas! Su vida está marcada por la desgracia.
Estas líneas, estimados lectores, no son solamente producto de la imaginación febril de un escritor. Es la historia de muchas familias, y una razón importante para decir: padres, ¡reaccionen por favor! La comunicación es lo primordial en una relación. Ya sea que se trate de amistad, noviazgo o familiar, pero ésta tiene que ser con el corazón. Hable con sus hijos, es lo más importante que puede hacer como padre o madre. Dialoguen, escúchenlos, no repitan viejos patrones en su educación, ello, solamente limita el desarrollo personal de los niños y jóvenes, y les orilla a tomar decisiones equivocadas. Háblenles con sinceridad y atiendan lo que tienen que decir. Para todo hay tiempo. Quince minutos cada día serían perfectos… Espero sus aportes y comentarios: redes_mya@hotmail.com

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